Primer retiro candidatas a la Federación de Madres de Costa Rica, octubre 2025.
Por Elisa Velázquez Yépez
Nuestro primer retiro de silencio, una experiencia que nos adentraría en el corazón para encontrar a Jesús. Lejos de las responsabilidades y tareas diarias nos dispusimos a abrir el espacio para el encuentro con Dios y la Mater.
El comité de acogimiento preparó una dinámica de “amiga secreta espiritual” y en cada habitación nos esperaba una cajita llena de anhelos: rosarios, chocolates, cartas llenas de cariño y lo más hermoso: las oraciones preparatorias que cada hermana del curso fundador hizo unas por otras. Otro grupo preparó una guía detallada con la agenda de cada día, de manera que no tuviésemos dudas de a dónde dirigirnos en cada momento. Así se pusieron las bases para que cada una viviera una experiencia de amor, encuentro y reconocimiento como Pequeñas hijas amadas del Padre.
Haciendo brillar nuestro ideal personal y encontrando dónde somos felices podremos hacer que el Padre Dios nos llame por ese nombre que pensó para nosotras.
Durante los días del retiro la combinación de manualidades que nos conectaban con un punto de reflexión y el ambiente propicio fue dando paso al embellecimiento de una rama sencilla y santa, una rama de un árbol de pimienta que provenía del Santuario Familia de Esperanza.
El árbol de la Misión estaba allí para ser conquistado y permitir un encuentro con Jesús en nuestro corazón.
Al principio no sabíamos cómo un simple papel en forma de corazón o un cilindro de cartón darían paso a cadenetas de oraciones o a la realización de una hermosa Custodia, siempre con Jesús en el centro.
Las meditaciones fueron profundas, escribir nuestra historia como el propio Magníficat o nuestros misterios Dolorosos.
Una dinámica para entender cómo se vive la solidaridad de destinos se abrió paso durante el rezo del Viacrucis del instrumento, con papeles de colores a la vez que recorríamos la pasión de Cristo.
Cada alimento dio calor a los fríos y lluviosos días en la Casa de las Misioneras Clarisas, y hasta dos fuertes temblores sacudieron nuestra alma y nuestros cuerpos durante las noches que estuvimos allí.
El momento más especial fue la Adoración de dos horas de silencio y hermosa música instrumental, luces de velas, frente al cenáculo. Ahí imploramos al Espíritu Santo sus dones y esperando asemejarnos a los apóstoles, salir llenas de valentía para ir a dar frutos a nuestro regreso a casa.
Finalmente, la ramita de pimienta, que siendo una especia como la sal da sabor al mundo, quedó transformada en un hermoso árbol decorado con las manualidades que conectaron cada impulso y charla de nuestros asesores, con el objetivo del retiro: sentirnos y reconocernos verdaderamente como Pequeñas Hijas Amadas del Padre.
Octubre, 2025
